"El Cosmos está constituido por todo lo que es, lo que ha sido o lo que será" Carl Sagan

17 agosto 2010

Descubren un nuevo púlsar con ordenadores de voluntarios

Los ordenadores de algunos de los cientos de miles de voluntarios que ceden sus equipos dentro del proyecto de colaboración computacional ‘Einstein@Home’ (Einstein en casa) han permitido descubrir un nuevo y raro pulsar en la Vía Láctea. Los datos los ha proporcionado el Observatorio de Arecibo (Puerto Rico).

Observatorio de Arecibo (Puerto Rico). Imagen: Universidad de Cornell.

Los ciudadanos Chris y Helen Colvin, de Ames (Iowa, EEUU), y Daniel Gebhardt, de la Universidad de Mainz (Musikinformatik, Alemania) han sido los tres voluntarios del proyecto Einstein@Home (Einstein en casa) a los que se les ha reconocido "oficialmente" el descubrimiento de un nuevo pulsar en la Vía Láctea. Pero los tres forman parte de un grupo mucho mayor que ceden la capacidad de sus equipos cuando no están trabajando.

Sus ordenadores, junto con otros 500.000 de todo el mundo, analizan datos para Einstein@Home, que utiliza tiempo donado de los ordenadores de las casas y las oficinas de 250.000 voluntarios de 192 países diferentes (como promedio los donantes aportan dos ordenadores por persona).

Los tres voluntarios han descubierto las ondas de radio de un nuevo púlsar ocultas entre los datos recopilados por el Observatorio de Arecibo en Puerto Rico. Este es el primer descubrimiento realizado en el espacio lejano por Einstein@Home.

El nuevo púlsar, llamado PSR J2007+2722, es una estrella de neutrones que realiza 41 rotaciones por segundo. Se encuentra en la Vía Láctea, aproximadamente a 17.000 años luz de la Tierra, en la constelación Vulpecula. A diferencia de la mayoría de los púlsares que giran de forma tan rápida y uniforme, PSR J2007+2722 está solo en el espacio, sin ninguna otra estrella que orbite junto a él.

Los astrónomos lo consideran especialmente interesante, porque probablemente sea un púlsar que ha perdido a su compañera. No obstante, no pueden descartar que se trate de un púlsar joven nacido con un campo magnético más débil de lo habitual.

Ciencia desde casa

Einstein@Home, que tiene sus sedes en el Centro de Gravitación y Cosmología de la Universidad de Wisconsin (EEUU) y en el Instituto Max Planck de Física Gravitacional (Instituto Albert Einstein en Hannover, Alemania), ha estado buscando ondas gravitatorias en los datos del Observatorio LIGO de Estados Unidos desde 2005.

A partir de marzo de 2009, se empezó a buscar también señales de radio de púlsares en las observaciones astronómicas del Observatorio de Arecibo, en Puerto Rico. Arecibo es el radiotelescopio más grande y sensible del mundo, y está gestionado por la Universidad de Cornell (EEUU). Alrededor de un tercio de la capacidad de los ordenadores de Einstein@Home se utiliza para buscar en los datos de Arecibo.

“Este es un momento emocionante para Einstein@Home y nuestros voluntarios. Esto demuestra que la participación ciudadana puede servir para descubrir cosas nuevas en nuestro universo. Espero que sirva de inspiración a más personas para que se unan a nosotros y contribuyan a encontrar otros secretos ocultos en los datos”, dice Bruce Allen, director del proyecto Einstein@Home y del Instituto Max Planck de Física Gravitacional, y catedrático adjunto de física en la Universidad de Wisconsin.

Los autores del artículo son un estudiante de posgrado de Allen, Benjamin Knispel, del Instituto Albert Einstein, Alemania; Bruce Allen; James M. Cordes, catedrático de astronomía en Cornell y presidente del Consorcio Pulsar ALFA, y un equipo de colaboradores. Se trata del primer descubrimiento astronómico auténtico realizado por un proyecto informático compartido entre ciudadanos voluntarios.

“Independientemente de las demás cosas que averigüemos sobre él, está claro que este púlsar va a ser extremadamente interesante para comprender la física básica de las estrellas de neutrones y el modo en que se forman. Para descubrirlo, ha sido necesario un sistema complejo del que forman parte el telescopio de Arecibo y los recursos informáticos del Instituto Albert Einstein, el Centro Cornell de Informática Avanzada y la Universidad de Wisconsin, Milwaukee, a fin de poder enviar los datos a los voluntarios de Einstein@Home de todo el mundo”, indica Cordes.

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Referencia bibliográfica:

B. Knispel et al. "First Pulsar Discovery by Global Volunteer Computing". Science, 12 de agosto de 2010. Pag.1/10.1126/science.1195253.

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Más información:

Einstein predijo en 1916 por primera vez la existencia de las ondas gravitatorias como consecuencia de su teoría de la relatividad general, pero todavía no se han detectado de forma directa. Einstein@Home surgió como parte de las actividades promovidas por la Sociedad Estadounidense de Física durante el Año Mundial de la Física de 2005. Durante los últimos cinco años, Einstein@Home ha estado buscando ondas gravitatorias en los datos procedentes de los detectores LIGO de EEUU. El Observatorio de Arecibo está financiado por la Fundación Nacional para la Ciencia, que colabora con el Max Planck Gesellschaft en el sostenimiento de Einstein@Home.

Los púlsares de radio son estrellas de neutrones que giran a gran velocidad y emiten haces de ondas de radio parecidos al haz de luz de un faro que pueden llegar hasta la Tierra hasta con una frecuencia de 716 veces por segundo. Fueron descubiertos en 1967 por Jocelyn Bell y Antony Hewish. (Casualmente, el primero que se descubrió también se encontraba en la constelación de Vulpecula). Los púlsares que tienen un compañero junto al que orbitan se llaman púlsares binarios. Se han usado para verificar la teoría de la relatividad general de Einstein con una precisión muy alta.

Púlsar reciclado “alterado”: cuando dos estrellas de gran tamaño nacen muy juntas a partir de la misma nube de gas, pueden formar un sistema binario y orbitar una respecto a la otra desde su nacimiento. Si esas dos estrellas tienen, como mínimo, una masa varias veces superior a la de nuestro Sol, sus vidas terminarán con sendas explosiones de supernovas. La estrella más grande explota primero y deja tras ella una estrella de neutrones. Si el impacto de la explosión no hace que la segunda estrella se aleje, el sistema binario sobrevive. La estrella de neutrones será entonces visible como un púlsar emisor de ondas de radio y, lentamente, perderá energía y rotará cada vez más despacio.

Posteriormente, la segunda estrella puede expandirse, lo que hace posible que la estrella de neutrones absorba su materia. La materia que llega a la estrella de neutrones hace que esta gire más deprisa y reduce su campo magnético. Esto se denomina “reciclaje” porque devuelve a la estrella de neutrones a un estado de rotación rápida. Finalmente, la segunda estrella explota también en forma de supernova, y genera otra estrella de neutrones. Si esta segunda explosión tampoco destruye el sistema binario, se forma una estrella de neutrones doble. En caso contrario, la estrella de neutrones que ha recuperado su impulso rotatorio se queda sin compañera y se convierte en un “púlsar reciclado alterado” que gira entre unas pocas y 50 veces por segundo.

El Observatorio de Arecibo es el radiotelescopio de plato único más grande del planeta y se usa para estudiar púlsares, galaxias, objetos del sistema solar y la atmósfera terrestre. El primer púlsar binario se descubrió en Arecibo en 1974 y les valió a Hulse y Taylor el Premio Nobel de Física en 1993, debido a que ponía a prueba de forma rigurosa la relatividad general.

El estudio Pulsar ALFA (PALFA) que actualmente se lleva a cabo en Arecibo emplea una radiocámara especializada, el Sistema de Recepción de banda L de Arecibo, y está dirigido por el Consorcio de astrónomos PALFA. Los enormes conjuntos de datos provenientes del estudio de Arecibo se archivan y procesan inicialmente en Cornell y otras instituciones del PALFA. Para el proyecto Einstein@Home, los datos se envían desde el Centro Cornell de Informática Avanzada hasta el Instituto Albert Einstein de Hannover a través de conexiones de Internet de gran ancho de banda, se preprocesan y luego se distribuyen entre ordenadores de todo el mundo. Los resultados se devuelven al Instituto Albert Einstein y a Cornell para realizar más investigaciones.

El Consorcio Pulsar ALFA (PALFA) se formó en 2003 para realizar un estudio de púlsares a gran escala con el telescopio de Arecibo. Forman parte de él astrónomos de 20 universidades, institutos y observatorios de todo el mundo.

Fuente: SINC/Max Planck Institute

Vía: SINC

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11 marzo 2010

Confirman la relatividad general en escalas grandes

Un equipo de astrofísicos estadounidenses y suizos ha comprobado que la teoría de la relatividad general de Einstein funciona a escalas tan grandes como las que separan las galaxias, según publica hoy la revista Nature. Para realizar el estudio los investigadores se han basado en una muestra de unas 70.000 galaxias y han definido un nuevo parámetro de cuantificación.

Mapa parcial de la distribución de galaxias en el catalogo Sloan Digital Sky Survey.

Imagen:M. Blanton y SDSS.

Un grupo de científicos del Observatorio de la Universidad de Princeton (EE UU) y del Instituto de Física Teórica de la Universidad de Zurich (Suiza) han puesto a prueba la teoría de la relatividad general de Einstein y concluyen que realmente funciona a escalas grandes, entre dos y 50 megapársecs (un pársec equivalente a 3,2616 años luz) en un desplazamiento hacia el rojo de 0,32 dentro del espectro.

“Hemos realizado la primera medida de una cantidad que puede detectar desviaciones de la relatividad general, y la medida confirma las predicciones de ésta, por lo que aumenta nuestra confianza en la teoría y en el marco cosmológico actual”, explica a SINC Reinabelle Reyes, autora principal del estudio que hoy publica Nature e investigadora en la Universidad de Princeton.

Para ver si la relatividad general se aplica a grandes escalas, el equipo ha analizado una muestra de unas 70.000 galaxias del catálogo Sloan Digital Sky Survey, y ha definido una cantidad denominada “EG”, que combina medidas y datos sobre “lentes gravitacionales débiles, cúmulos de galaxias, y velocidad de crecimiento de estructura a gran escala”.

La predicción relativista

Los resultados reflejan que en escalas grandes de decenas de megapársecs el valor de EG es cerca de 0,39, de acuerdo con la predicción relativista general que indica una cifra de aproximadamente 0,4.

El test permite potencialmente la discriminación definitiva entre la relatividad general y otras teorías de gravedad, pero de momento la precisión de las medidas solo permiten excluir algunos modelos alternativos.

Dentro del marco de la relatividad general, la gravedad surge de la geometría del espacio y el tiempo. A pesar de la aceptación de la teoría de la relatividad general, hasta ahora no había sido suficientemente probada en largas distancias cosmológicas, y los experimentos precisos se habían desarrollados solo en el Sistema Solar.

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Referencia bibliográfica:

Reinabelle Reyes, Rachel Mandelbaum, Uros Seljak, Tobias Baldauf, James E. Gunn, Lucas Lombriser y Robert E. Smith. “Confirmation of general relativity on large scales from weak lensing and galaxy velocities”. Nature 464, 11 de marzo de 2010.

Fuente: SINC

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20 febrero 2010

Mejor confirmación de los efectos de la gravedad sobre el tiempo

Físicos de Estados Unidos y Alemania, utilizando dos pilares básicos de la mecánica cuántica, realizaron una prueba de alta precisión sobre la Teoría de la Relatividad General de Einstein.

Los investigadores aprovecharon la dualidad onda-partícula y la superposición cuántica en un interferómetro atómico para demostrar que un efecto conocido como el desplazamiento al rojo gravitatorio —el enlentecimiento del tiempo cerca de un cuerpo masivo— se mantiene verdadero hasta una precisión de siete partes en mil millones.

Este resultado es importante para el logro de una teoría de la gravedad cuántica y podría tener implicaciones prácticas importantes, como la mejora en la precisión de los Sistemas de Posicionamiento Global (GPS).

El desplazamiento al rojo gravitatorio surge del principio de equivalencia subyacente en la Relatividad General. El principio de quivalencia afirma que los efectos locales de la gravedad son los mismos que los que se sufren en un marco de referencia acelerado. Por lo que la fuerza que siente alguien en un ascensor se podría deber tanto a una aceleración hacia arriba del ascensor como a la gravedad.

Pulsos de luz enviados hacia arriba por un reloj en el piso del ascensor serán desplazados por el efecto Doppler —desplazados al rojo— cuando el ascensor acelere hacia arriba, lo que significa que el reloj parecerá avanzar más lentamente si se comparan sus destellos con los de otro reloj ubicado en el techo del ascensor.

Debido a que no hay forma de diferenciar la gravedad de la aceleración, lo mismo ocurre en un campo gravitatorio, en otras palabras, cuanto mayor sea el tirón gravitatorio experimentado por un reloj, o más cerca esté de un cuerpo masivo, más lento marcará el tiempo.

La confirmación de este efecto respalda la idea de que la gravedad es una manifestación de la curvatura del espacio-tiempo, porque el flujo del tiempo no es constante en todo el universo, sino que varía de acuerdo a la distribución de los cuerpos masivos. El reforzar la idea de la curvatura del espacio-tiempo es importante cuando hay que distinguir entre las distintas teorías de gravedad cuántica, ya que hay varias versiones de la Teoría de Cuerdas en las que la materia puede responder a algo que no sea la geometría del espacio-tiempo.

Universalidad de la caída libre

Sin embargo, el desplazamiento al rojo gravitatorio como manifestación de la invarianza de la posición local (la idea de que el resultado de un experimento no gravitatorio es independiente de en qué lugar y en qué momento se lleve a cabo en el universo) es el experimento menos confirmado de los tres tipos de experimentos que apoyan el principio de equivalencia. Los otros dos, la universalidad de la caída libre y la invarianza local de Lorentz, se han verificado con precisiones de 10-13 o mejores aun, mientras que el desplazamiento al rojo gravitatorio se había confirmado antes con una precisión de 7×10-5.

Este valor se logró en 1976 registrando la diferencia de tiempo medida en dos relojes atómicos, uno en la superficie de la Tierra y el otro enviado a una altitud de 10.000 kilómetros en un cohete.

Este tipo de medición del desplazamiento al rojo es limitada por el grado de tirón gravitatotio que proporciona la masa de la Tierra. La nueva investigación, realizada por Holger Müller de la Universidad de California en Berkeley, Achim Peters de la Universidad Humboldt en Berlín y Steven Chu, antes en Berkeley y ahora Secretario de Energía de los Estados Unidos, es igualmente limitada pero logra mejorar mucho la precisión gracias a un reloj ultrasensible aportado por la mecánica cuántica.

En 1997, Peters uitilizó técnicas de confinamiento láser desarrolladas por Chu para capturar átomos de cesio y enfriarlos a pocas millonésimas de grado por encima del cero absoluto (para reducir su velocidad todo lo posible), y usó entonces un rayo láser vertical para impactar con un golpe hacia arriba los átomos y medir así la caída libre gravitatoria.

Ahora, Chu y Müller han reinterpretado los resultados de ese experimento para ofrecer una medida del desplazamiento al rojo gravitatorio.

En el experiento, cada uno de los átomos fue expuesto a a tres pulsos láser. El primer pulso puso al átomo en una superposición de dos estados de igual probabilidad, ya sea dejándolo solo para decelerar y que cayese de nuevo a la Tierra bajo el tirón gravitatorio, o dándole un impulso extra para que alcanzase una mayor altura antes de descender. Se aplicó entonces un segundo pulso en el momento justo, de manera de empujar al átomo al segundo estado de regerso más rápido hacia la Tierra, causando que los dos estados de superposición se encontrasen en el camino. En este punto, el tercer pulso de láser midió la interferencia entre los dos estados a causa de la existencia del átomo como una onda, siendo la idea que cualquier diferencia en el desplazamiento al rojo gravitatorio de estos dos estados a distintas alturas sobre la superficie de la Tierra se manifestaría como un cambio en la fase relativa de los dos estados.

Enorme frecuencia

La ventaja en este enfoque es la frecuencia extremadamente alta de la onda de de Broglie de los átomos de cesio —algo así como 3×1025 Hz—. Aunque a lo largo d elos 0,3 segundos de caída libre de las ondas de materia en la trayectoria superior experimentaron un lapso de apenas 2×10-20 s más que las ondas de la trayectoria baja, la enorme frecuencia de la oscilación, combinada con la capacidad de medir diferencias de amplitud de sólo una parte en 1.000, significaron que los investigadores pudieron confirmar el desplazamiento al rojo con una precisión de 7×10-9.

Como dice Müller, “si el tiempo de caída libre se extendiera a la edad del universo —14 000 millones de años— la diferencia temporal entre las rutas superior e inferior sería de apenas una milésima de segundo, y la precisión de la medida sería de 60 picosegundos, el tiempo que necesita la luz para viajar alrededor de un centímetro”.

Esta precisión extrema podría resultar útil para lograr que el Sistema de Posicionamiento Global sea más precsio. Como señala Müller, para determinar la posición de un objeto sobre el terreno con un error de un milímetro, el reloj atómico de los satélites GPS tendría que operar con una precisión de 10-17, una cifra que de hecho se ha logrado recientemente en un reloj desarrollado en el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) de los Estados Unidos. Pero a la altura de los satélites de 20 000 kilómetros, estos relojes experimentan una aceleración del tiempo de aproximadamente una parte en 1010 a causa del desplazamiento al rojo gravitatorio. Recuperar la precisión de 10-17 requeriría, por lo tanto, conocer el efecto de desplazamiento al rojo con una precisión de 10-7.

Müller espera mejorar la precisión de las medidas de desplazamiento al rojo incrementando la distancia entre los dos estados de superposición de los átomos de cesio. La distancia lograda en la actual investigación era de apenas 0,1 milímetros, pero, según dice, incrementando esto a 1 metro debería ser posible detectar ondas gravitatorias, minúsculas ondulaciones en el tejido del espacio-tiempo predichas por la relatividad general de Einstein pero nunca antes observadas.

El trabajo se describe en Nature 463 926.

El autor de este artículo, Edwin Cartlidge, es un escritor de ciencia con base en Roma

Fuente: Physcics World

Vía AXXON

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06 junio 2009

Universo oscuro holográfico

Cuando Albert Einstein construyó su Teoría General de la Relatividad decidió recurrir a algo de ingeniería inversa e introducir un término de “presión” en sus ecuaciones. El valor de esta presión fue seleccionado de tal forma que mantuviese la descripción de la relatividad general del universo estable contra la atracción gravitatoria de la materia que llena el universo.

A Einstein nunca le gustó este factor amañado, pero era la única forma de lograr que las ecuaciones de la relatividad general describieran un universo con un tamaño estático.

Más de 10 años después, las observaciones de Edwin Hubble demostraron que el universo, de hecho, no es estático, sino que se expande. Con esto, la necesidad del término de presión desapareció. Einstein debió haberse quedado helado: si sólo hubiese dejado las ecuaciones aisladas sin el factor amañado, podría haber predicho que el universo no era estático. Einstein, desde entonces se refirió a la introducción del término de presión como “su mayor error”.

Si Einstein hubiese vivido hasta finales del siglo XX, ciertamente hubiese cambiado este apelativo. Está claro, nuestro universo se expande, pero desde finales de la década de 1990 sabemos que esta expansión es acelerada. Hoy se expande más rápido que ayer, y mañana se expandirá aún más rápido. Sin el factor amañado de Einstein, se esperaría una expansión decelerada, y se necesita el término de presión para cambiar de una descripción que arroja un universo decelerando a una que ofrezca un universo acelerando.

¿Qué está causando que esta presión empuje el separarse a un índice cada vez mayor? Los cosmólogos se refieren a la “energía oscura” que impregna el espacio como lo que impulsa esta aceleración cósmica. Para explicar la expansión acelerada del universo, esta energía oscura debería contener la gran mayoría de la energía total del universo. Recientes observaciones llevaron a una “densidad de energía oscura” en el universo correspondiente a aproximadamente la energía de Planck (o de forma equivalente: una masa de Planck de aproximadamente 0,00002 gramos) por 1000 km cúbicos. El hecho es que esta diminuta densidad constituye el componente predominante de nuestro universo justo como demuestra la vasta vacuidad del espacio.

Pero, ¿qué es la “energía oscura”? Nadie lo sabe. La explicación más probable es que la energía oscura es de origen mecánico cuántico. De hecho, la mayoría de los físicos probablemente estarían de acuerdo en que la energía oscura procede de fluctuaciones cuánticas, si esto pudiese llevar a predicciones de la magnitud adecuada del efecto de la energía oscura. No obstante, la aproximación de la Teoría de Campo Cuántico Estándar (QFT) lleva a una sobrestimación de la densidad de energía oscura. ¿Cuánto está sobrestimada? Bueno, cualquier afirmación que se pueda hacer sobre este tema tiende a quedarse corta. De hecho, de acuerdo con la teoría de Campo Cuántico Estándar, las fluctuaciones del vacío llevarían a una densidad de energía de una energía de Planck en cada longitud de Planck cúbica. Es decir, una energía de Planck en un cubo con lados de 0,000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 000 016 m. Un volumen bastante distinto de 1000 km cúbicos.

Esta discrepancia entre la teoría y los valores experimentales para la densidad de la energía oscura se conoce eufemísticamente en la literatura como “el problema de la constante cosmológica”. Algunos buscan los límites del eufemismo y, de forma irónica, se refieren a la discrepancia como el “problema del ajuste fino”. Otros declaran de forma más apropiada que es “la mayor vergüenza de la física teórica”.

¿Dónde nos hemos equivocado? Seguramente se esperaría que un error de proporciones tan gigantescas sea hallase fácilmente. Aún así, más de una década después del descubrimiento de la expansión cósmica acelerada, los expertos aún están desconcertados. Se han propuesto soluciones extravagantes tales como formas exóticas de energía, taquiones, dilatones y quintaesencia cuántica. Ninguna de ellas ha logrado muchos seguidores.

Ahora, no soy cosmólogo y ciertamente no soy un experto en el campo, pero estoy seguro que nadie me culpará por describir otro callejón sin salida en el largo y tortuoso camino del ensayo y error científico hacia el lejano objetivo de comprender nuestro oscuro universo. Por tanto déjame tomarme la libertad de seguir a Einstein y aplicar algo de ingeniería inversa al problema.

Un simple análisis dimensional apunta a una solución. Existen dos escalas de longitud clave en el problema: la escala de Planck ℓ y el diámetro del universo L. El contraste entre las dos es enorme: 61 órdenes de magnitud. ¿No sería una gran sorpresa si estas dos escalas extremas de longitud pudieran combinarse en un volumen del tamaño adecuado para describir la densidad de la energía oscura? Bueno - sorpresa, sorpresa – esto es fácil de conseguir. El valor experimental de la densidad de energía oscura resulta que coincide con una cuanto de Planck por volumen de tamaño L2ℓ. Aunque, como vimos arriba, la teoría de campo cuántico estándar predice una densidad de energía de punto cero de un cuanto de Planck por ℓ3. ¿Podemos cambiar las dos ℓ de la ecuación por L?

Sí, podemos. La clave es darse cuenta de que el volumen ℓ3 entra en la descripción teórica debido a que la QFT estándar supone un grado de libertad por Planck cúbico. Por lo que de acuerdo con la QFT nuestro universo tiene un total de (L/ℓ)3 grados de libertad. Esto, no obstamte, ignora la naturaleza holográfica de nuestro universo que fue propuesta por Gerard ‘t Hooft en 1993. El principio holográfico afirma que la QFT estándar sobreestima en mucho el número de grados de libertad disponibles. Más precisamente, el principio holográfico prohíbe un sistema de tamaño lineal L que tenga más de (L/ℓ)2 grados de libertad. Por lo que, esto por sí mismo ya cambia una ℓ en la ecuación de la densidad de la energía oscura por una L. Pero aún hay más. La QFT asocia una energía de punto cero de una unidad de Planck con cada grado de libertad. En una descripción holográfica este es improbable que sea correcto. Los grados de libertad de la descripción holográfica son no locales, y como resultado, las longitudes de onda corresponden al movimiento de punto cero asociado con la longitud macroscópica L, y no a la longitud microscópica ℓ. Este efecto (encuadrado en la conocida como “conexión UV/IR”) nos da otro intercambio entre ℓ y L en la ecuación de la densidad de energía oscura de tal forma que llegamos a tener todos los efectos holográficos incorporados en energías de Planck ℓ/L en un volumen de tamaño ℓ2L, o equivalente, un cuanto de energía de Planck por volumen de tamaño de L2ℓ. La densidad de energía oscura así derivada resilva ser la mayor densidad que pueden lograrse sin riesgo de tener un gigantesco colapso gravitatorio de todo el universo.

¿Es esta la forma correcta de tratar la expansión de nuestro universo? No lo sé. Lo que sé, es que si lo de arriba es correcto en esencia, las consideraciones holográficas serán un elemento integral de la aún esquiva Teoría de la Gravedad Cuántica. También está claro que el estricto recorte holográfico en el número de grados de libertad y las energías permitidas por grados de libertad serán de inmensa ayuda para regularizar esta Teoría de la Gravedad Cuántica. La historia nos dice que las discrepancias demostradas experimentalmente en nuestra comprensión de las leyes fundamentales de la física nunca duraron más de unas pocas décadas. Por lo que me permito hacer la predicción de que a principios de este siglo seremos testigos de una revolución en nuestro pensamiento sobre el universo en forma de una Teoría de la Gravedad Cuántica completamente consistente. ¡Son tiempos apasionantes!


Autor: Johannes Koelman
Fecha Original: 25 de mayo de 2009
Enlace Original

Vía Ciencia Kanija

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22 marzo 2009

Una amenaza cuántica a la relatividad especial

El entrelazamiento, al igual que muchos otros efectos cuánticos, viola algunas de nuestras intuiciones más profundas sobre el mundo. También podrían minar la Teoría de la Relatividad Especial de Einstein.

Nuestra intuición, yendo hacia atrás en el tiempo, es que para mover, digamos, una roca, se tiene que tocar la roca, o tocar un palo que toque la roca, o dar una orden que viaja a través de vibraciones a través del aire a la oreja de un hombre con un palo que pueda empujar la roca — o alguna secuencia similar. Esta intuición, más generalmente, es que las cosas sólo pueden afectar a otras cosas que están cerca de ellas. Si A afecta a B sin estar justo a su lado, entonces el efecto en cuestión debe ser indirecto — el efecto en cuestión debe ser algo que se transmite a través de una cadena de eventos en el cual cada evento te lleva al siguiente de forma directa, de forma que suavemente cubras la distancia de A a B. Cada vez que pienso que podemos llegar a una excepción de esta intuición — digamos, accionar un interruptor que encienda las luces de la luz (pero entonces nos damos cuenta de que esto sucede a través de cables) o escuchar la emisión de radio de la BBC (pero nos damos cuenta de que las ondas de radio se propagan a través del aire) — resulta que no tenemos, de hecho, ninguna excepción. No, por supuesto, en nuestra experiencia cotidiana del mundo.

Llamamos a esta intuición “localidad”.

La Mecánica Cuántica ha puesto patas arriba muchas de nuestras intuiciones, pero ninguna tan profunda como ésta. Y este vuelco particular lleva consigo una amenaza, aún sin resolver, para la relatividad especial — una piedra angular de la física del siglo XXI.

La cosa del espacio exterior

Vamos a dar un echar la vista un poco atrás. Antes de la llegada de la Mecánica Cuántica, y ni siquiera de los mismos inicios de la investigación científica de la naturaleza, los eruditos pensaban que una descripción completa del mundo físico podría, en principio, darse describiendo uno a uno cada uno de los constituyentes físicos más pequeños y elementales del mundo. Toda la historia del mundo podría expresarse como la suma de las historias de los constituyentes.

La Mecánica Cuántica viola esta creencia.

Las características físicas reales y medibles de los grupos de partículas pueden, de una forma perfectamente concreta, superar o eludir o no tener nada que ver con la suma de las características de las partículas individuales. Por ejemplo, de acuerdo con la Mecánica Cuántica se pueden colocar un par de partículas de forma que estén separadas exactamente medio metro y aún así que nunca de las dos partículas en sí tenga una posición definida. Además, la aproximación estándar a la comprensión de la física cuántica, la conocida como interpretación de Copenhague — proclamada por el gran físico danés Niels Bohr a principios del pasado siglo y transmitida de profesor a alumno durante generaciones — insiste en que en que no es que no conozcamos hechos sobre la situación exacta de las partículas individuales; es que simplemente no existen tales hechos. Preguntarse por la posición de una partícula aislada sería algo con tan poco sentido como, digamos, preguntar por el estado conyugal del número cinco. El problema no es epistemológico (sobre lo que sabemos) sino ontológico (sobre lo que es).

Los físicos dicen que las partículas que se relacionan de esta forma están entrelazadas de forma mecánico cuántica una con otra. La propiedad del entrelazamiento no necesita de una posición: Dos partículas podrían girar de forma distinta, una en sentido horario y otra antihorario. O exactamente una de las partículas podría ser excitada, pero la otra no. El entrelazamiento puede conectar partículas independientemente de dónde están, qué son y qué fuerzas ejercen unas sobre otras — en principio, podrían ser perfectamente un electrón y un neutrón en lados opuestos de la galaxia. Por tanto, el entrelazamiento es un tipo de relación íntima entre la materia nunca antes soñada.

El entrelazamiento está detrás de nuevos y extraordinariamente prometedores campos de la computación cuántica y la criptografía cuántica, que podrían proporcionar la capacidad de resolver ciertos problemas que están más allá del rango práctico de un ordenador común y la capacidad de comunicarse con una seguridad garantizada a salvo de fisgones.

Pero el entrelazamiento también parece acarrear el fenómeno profundamente fantasmal y radicalmente contrario a la intuición conocido como no localidad — la posibilidad de afectar físicamente a algo sin tocarlo o sin tocar una serie de entidades que lleguen a él. La no localidad implica que un puño en Des Moines puede romper una nariz en Dallas sin afectar a ninguna otra cosa física (ni una molécula de aire, ni un electrón en un cable, ni un parpadeo de luz) en algún punto intermedio.

La mayor preocupación sobre la no localidad, aparte de su sobrecogedora extrañeza intrínseca, ha sido que supone una profunda amenaza para la relatividad especial tal y como la conocemos. En los últimos años, esta vieja preocupación — que finalmente logró que se le permitiera su entrada a la casa de las ideas serias sobre la física — se ha convertido en la pieza central de debates que finalmente desmantelan, distorsionan, re-imaginan, solidifican o siembran el decaimiento en las mismas bases de la física.

Revisiones radicales de la realidad

Albert Einstein tenía un incontable número de preocupaciones sobre la Mecánica Cuántica. La preocupación a menudo citada sobre su incertidumbre (”Dios no juega a los dados”) era sólo una. Pero la única objeción que articuló formalmente, la única que le llevó a escribir un artículo sobre el tema, estaba relacionada con la extrañeza del entrelazamiento mecánico cuántico. Esta objeción está en el corazón de lo que se conoce como el argumento EPR, llamado así por sus tres autores, Einstein y sus colegas Boris Podolsky y Nathan Rosen. En su artículo de 1935 “Can Quantum-Mechanical Description of Physical Reality Be Considered Complete?”, responden a su propia pregunta con un perfectamente razonado “no.”

Su argumento hace un uso crucial de una instrucción particular de la receta mecánico cuántica, o algoritmo matemático, para predecir las salidas de los experimentos. Supón que medimos la posición de una partícula que está entrelazada mecánico cuánticamente con una segunda partícula — por lo que ninguna de ellas tiene una posición precisa, como mencionamos anteriormente. Naturalmente, cuando miramos la salida de la medida, cambiamos nuestra descripción de la primera partícula debido a que conocemos dónde estaba en ese momento. Pero el algoritmo también nos obliga a alterar nuestra descripción de la segunda partícula y a hacerlo de forma instantánea, no importa cómo de lejos esté o lo que pueda haber entre ambas partículas.

El entrelazamiento fue un hecho irrefutable de la descripción del mundo de la Mecánica Cuántica presentada a las físicos, pero fue un hecho cuyas implicaciones sobre las que nadie antes de Einstein había pensado mucho. Él vio en el entrelazamiento algo que no era simplemente extraño, sino dudoso. Le impactó como algo fantasmal. Parecía, en concreto, no local.

Nadie en esa época estaba listo para lidiar con la posibilidad de que hubiese auténticas no localidades físicas en el mundo — ni Einstein, ni Bohr, ni nadie. Einstein, Podolsky y Rosen dieron por sentado en el artículo que la aparente no localidad de la Mecánica Cuántica debía ser sólo aparente, que debe haber algún tipo de anomalía matemática o notación desafortunada o, en alguna medida, que debe ser un artefacto desechable del algoritmo — seguramente se podrían realizar predicciones mecánico cuánticas para experimentos sin la necesidad de dar pasos no locales.

Y en su artículo presentaron un argumento para el efecto de que si (como todo el mundo supuso) no existía ninguna auténtica no localidad física en el mundo y si las predicciones experimentales de la Mecánica Cuántica eran correctas, entonces la Mecánica Cuántica debe tener aspectos del mundo con los que no cuenta. Debe haber partes de la historia del mundo que falla al mencionar.

Bohr respondió al artículo EPR prácticamente al momento. Su carta de respuesta febrilmente compuesta no trató de ninguno de los argumentos científicos concretos del artículo sino que en lugar de eso trató — a veces de una forma opaca y casi jeroglífica — de su uso de la palabra “realidad” y su definición de “elementos de la realidad física”. Charló extensamente sobre la distinción entre sujeto y objeto, sobre las condiciones bajo las cuales tiene sentido hacer preguntas y sobre la naturaleza del lenguaje humano. Lo que la ciencia necesitaba, de acuerdo con Bohr, era una “revisión radical de nuestra actitud con respecto a la realidad física”.

Bohr hizo un gran esfuerzo y estuvo de acuerdo con el artículo EPR en un punto: que por supuesto, no podía haber bajo ningún concepto una no localidad física auténtica. La aparente no localidad, argumentaba, era sólo una razón más por la que debemos abandonar la desfasada y extraña aspiración, como se manifiesta en el artículo EPR, de ser capaces de leer a partir de las ecuaciones de la Mecánica Cuántica una descripción realista del mundo — una descripción de lo que en realidad existe antes de nosotros de un momento a otro. Bohr insistió, en efecto, que no sólo vemos el mundo a través de un oscuro vidrio, sino que esta visión indefinida y ensombrecida es tan real como se puede conseguir.

La respuesta de Bohr fue, curiosamente, filosófica a una preocupación explícitamente científica. Más curiosa aún fue la consagración de la respuesta de Bohr como el evangelio de la física teórica. Gastar más tiempo en estos temas se convertía, por tanto, en apostasía. La comunidad física abandonó de esta forma las viejas aspiraciones de descubrir cómo es en realidad el mundo y durante un largo tiempo quedó relegado a cuestiones metafísicas para la literatura o la fantasía.

Incluso hoy esta parte crucial del legado de Einstein sigue estando en gran parte oscurecido. La biografía de 2007 de Walter Isaacson sobre Einstein, que fue un éxito de ventas, simplemente asegura al lector que las críticas de Einstein sobre la Mecánica Cuántica han sido resueltas desde entones. Y esto no es cierto.

El retorno del reprimido

El primer compromiso científico serio sobre el argumento EPR llegó (tras 30 años de abandono más o menos completo) en un famoso artículo de 1964 escrito por el extraordinario físico irlandés John S. Bell. A partir del trabajo de Bell surgió que Bohr estaba equivocado ya que no había nada incorrecto en su comprensión de la Mecánica Cuántica, y que Einstein también lo estaba sobre lo que estaba mal en la comprensión de Bohr. Entrar en lo que verdaderamente era incorrecto implica abandonar la idea de localidad.

La cuestión clave es si las no localidades al menos parecen estar presentes en el algoritmo de la mecánica cuántica son meramente aparentes o algo más. Bell parece haber sido la primera persona en preguntarse qué significa esta pregunta. ¿Qué es lo que diferencia a las no localidades físicas auténticas de las meramente aparentes? Razonó que si existe un algoritmo manifiesta y completamente local que hacía las mismas predicciones para las salidas de los experimentos que el algoritmo mecánico cuántico, entonces Einstein y Bohr habría estado en lo cierto al descartar las no localidades de la Mecánica Cuántica como un mero artefacto de ese formalismo en particular. Inversamente, si ningún algoritmo podía evitar las no localidades, entonces debe ser un fenómeno físico genuino. Bell analizó entonces un escenario concreto de entrelazamiento y concluyó que no era matemáticamente posible tal algoritmo local.

Y por tanto, el mundo físico es no local. Fin de la discusión.

Esta conclusión lo pone todo patas arriba. Einstein, Bohr y todo el mundo había asumido siempre que cualquier incompatibilidad genuina entre la Mecánica Cuántica y el principio de localidad serían malas noticias para la Mecánica Cuántica. Pero Bell había demostrado que la localidad era incompatible no simplemente con el aparato teórico abstracto de la Mecánica Cuántica, sino con ciertas predicciones empíricas también. Los experimentadores — en particular el trabajo de Alain Aspect del Instituto de óptica en Palaiseau, Francia, y sus colaboradores en 1981 y más tarde — no han dejado dudas sobre que esas predicciones son, efectivamente, correctas. Las malas noticias son, entonces, no para la Mecánica Cuántica, sino para el principio de localidad — y, por tanto, presumiblemente, para la relatividad especial, dado que al menos parece depender de la presuposición de localidad.

El Tour del misterio metafísico

La reacción principal al trabajo de Bell — una que persiste en muchos cuarteles incluso hoy — fue de aún más ofuscación. Bell había demostrado que cualquier teoría capaz de reproducir las predicciones empíricas de la Mecánica Cuántica para pares entrelazados de partículas — incluyendo la propia Mecánica Cuántica — tenía que ser verdaderamente no local físicamente.

Este mensaje ha sido virtualmente ignorado. En lugar de esto, casi todo el mundo dice que Bell demostró que cualquier intento de reemplazar la descripción mecánico cuántica ortodoxa del mundo por alguna más ajustada a nuestras expectativas metafísicas clásicas — cualquier teoría de variable oculta, determinista o filosóficamente realista — tendría que ser no local si pudiese reproducir las predicciones mecánico cuánticas para los sistemas EPR. La gente estaba leyendo el trabajo de Bell como si estuviese a través de un cristal convexo.

Sólo una minoría de físicos logró evitar este malentendido particular y comprender que las demostraciones de Bell y los experimentos de Aspect significaban que se había descubierto que el propio mundo era no local, pero incluso ellos creían que la no localidad en cuestión aquí planteada no suponía una amenaza particular a la relatividad especial.

Esta creencia surge a partir de la idea de que la relatividad especial está inextricablemente ligada con la imposibilidad de transmitir mensajes más rápido que la luz. Después de todo, si la relatividad especial es cierta, se puede argumentar que ningún material que transporta un mensaje puede ser acelerado desde el reposo a velocidades mayores que la de la luz. Y se puede argumentar que un mensaje transmitido más rápidamente que la luz sería, de acuerdo con algunos relojes, un mensaje que llegan antes de ser enviado, liberando potencialmente todas las paradojas de viaje en el tiempo.

Tan atrás en el tiempo como en 1932 el brillante matemático húngaro John von Neumann demostró que la no localidad de la mecánica cuántica no puede nunca ser introducida en un mecanismo para transmitir mensajes de forma instantánea. Durante muchas décadas, virtualmente toda la comunidad física teórica consideró la prueba de von Neumann como la seguridad de que la no localidad mecánico cuántica y la relatividad especial pueden co-existir perfectamente en paz.

Variedades de la experiencia no local

Se necesitaron otros 30 años tras la publicación del artículo de Bell para que los físicos observaran por fin estos temas directamente. La primera discusión clara, sostenida sin errores lógicos e inflexiblemente franca de la no localidad cuántica y la relatividad apareció en 1994, en un libro precisamente con ese título escrito por Tim Maudlin de la Universidad de Rutgers. Su trabajo destaca cómo la compatibilidad de la no localidad y la relatividad especial era una cuestión mucho más sutil de lo que las tradicionales obviedades basadas en los mensajes instantáneos no habrían hecho creer.

El trabajo de Maudlin tuvo lugar contra el telón de fondo de un nuevo y profundo cambio en el entorno intelectual. Desde principio de la década de 1980 en adelante, la fuerza de las convicciones de Bohr — que podría ser una visión realista filosóficamente y no pasada de moda del mundo subatómico — era palpable que empezaba a debilitarse. Para entonces un prometedor número de propuestas científicas concretas parecían proporciona un buen recuento de tal tipo, al menos en la aproximación que rechaza los efectos de la relatividad especial. Estas propuestas incluían la mecánica Bohmiana de David Bohm en Inglaterra (desarrollada a principios de la década de 1950 y una inspiración del trabajo de Bell que de otra forma habría sido ampliamente ignorada) y el modelo GRW de GianCarlo Ghirardi, Alberto Rimini y Tullio Weber en Italia. Las viejas aspiraciones de la física de ser guía de la metafísica, para decirnos literalmente y de forma clara cómo es en realidad el mundo — aspiraciones que habían estado dormidas y olvidadas durante más de 50 años — comenzaban a resucitar lentamente.

El libro de Maudlin se centraba en tres puntos importantes. Primero, la teoría de la relatividad es una afirmación sobre la estructura geométrica del espacio y tiempo. La imposibilidad de transmitir masa o energía o información o influencias causales más rápido que la luz — ninguno de estos requisitos son ni siquiera remotamente, en y por sí mismos, garantía suficiente de que la afirmación de la teoría sobre la geometría es correcta. Por tanto, la prueba de von Neumann sobre la tranmisión del mensaje, en y por sí misma, no nos ofrece un seguro de que la no localidad mecánico cuántica y la relatividad especial pueden co-existir en paz.

Segundo, la verdad de la relatividad especial es (como tema de hecho) perfectamente compatible con una enorme variedad de mecanismos hipotéticos para transmisión de masa y energía e información e influencia casual más rápida que la luz. En la década de 1960, por ejemplo, Gerald Feinberg de Columbia publicó una teoría relativista completamente consistente internamente de una especie hipotética de partículas —taquiones — para los que es imposible físicamente viajar más lento de la velocidad de la luz. Maudlin inventó otros ejemplos.

De esta forma, la mera existencia de no localidad en la mecánica cuántica, en y por sí misma, no significa que la mecánica cuántica no pueda co-existir con la relatividad especial. Por lo que tal vez haya esperanza.

Como enfatiza Maudlin en su tercer punto, no obstante, la particular variedad de acción a distancia que encontramos en la Mecánica Cuántica es completamente diferente del tipo ejemplificado por los taquiones de Feinberg u otros ejemplos de Maudlin. Lo que extraño sobre la forma en que las partículas mecánico-cuánticas pueden influir de forma no local entre sí es que no depende de configuraciones espaciales de las partículas o de sus características físicas intrínsecas — como se alude en todas las influencias relativistas en los párrafos anteriores — sino sólo en su las partículas en cuestión están o no entrelazadas mecánico cuánticamente entre sí.

El tipo de no localidad que se encuentra en la Mecánica Cuántica parece evocar una simultaneidad absoluta, lo cual supondría una real y ominosa amenaza a la relatividad especial.

Ahí está el problema.

¿Esperanza para la relatividad especial?

Dos nuevos resultados — tirando curiosamente en distintas direcciones — han surgido a partir de esta discusión en los últimos años. El primero sugiere una forma de no localidad mecánico cuántica que podría ser compatible con la relatividad especial; el otro revela un nuevo golpe que la Mecánica Cuántica y la relatividad especial lanzan contra nuestras intuición más profunda del mundo.

El primer resultado aparece en un asombroso artículo de 2006 de Roderich Tumulka, un joven matemático alemán ahora en Rutgers. Tumulka demostró cómo todas las predicciones empíricas de la Mecánica Cuántica para pares de partículas entrelazadas podían reproducirse mediante una inteligente modificación de la teoría GRW (recuerda que esta teoría propone una forma filosóficamente realista de lograr predicciones de la Mecánica Cuántica bajo muchas circunstancias). La modificación en son local, y por tanto aún es totalmente compatible con la geometría del espacio-tiempo de la relatividad especial.

Este trabajo aún está en pañales. Nadie ha sido aún capaz de escribir una versión satisfactoria de la teoría de Tumulka que pueda ser aplicada a partículas que se atraen y repelen entre sí. Además, su teoría introduce una nueva variedad de no localidad en las leyes de la naturaleza — una no localidad no simplemente espacial, ¡sino temporal! Para usar su teoría para determinar las probabilidades de qué pasará a continuación, se debe introducir no sólo el estado físico completo actual del mundo (como es tradicional en una teoría física) sino también ciertos hechos del pasado. Tal característica y algunas otras son preocupantes, pero Tumulka ciertamente ha despejado parte de los temores de Maudlin sobre que la no localidad mecánico cuántica no puede hacerse co-existir amistosamente con la relatividad especial.

El otro resultado reciente, descubierto por uno de nosotros (Albert), demostró que combinar la Mecánica Cuántica y la relatividad especial requiere que abandonemos algunas de nuestras convicciones primordiales. Creemos que todo lo que hay que decir sobre el mundo puede, en principio, ponerse en forma de narración, o historia. O, de una forma más precisa en términos técnicos: todo lo que puede decirse puede empaquetarse en un conjunto infinito de proporciones de la forma “en t1 esta es la condición física exacta del mundo”, etcétera. Pero el fenómeno del entrelazamiento mecánico cuántico y la geometría del espacio-tiempo de la relatividad especial — los dos juntos – implican que la historia física del mundo es infinitamente más rica que eso.

El problema es que la relatividad especial tiende a mezclar espacio y tiempo de una forma que transforma el entrelazamiento mecánico cuántico entre los distintos sistemas físicos en algo a lo largo de las líneas de un entrelazamiento entre situaciones físicos en distintos momentos — algo que de una forma perfectamente concreta supera o esquita o nada tiene que ver con la suma de situaciones en distintos instantes temporales.

Tal resultado, como la mayor parte de resultados teóricos en la Mecánica Cuántica, implica manipular y analizar una entidad matemática llamada función de onda, un concepto introducido por Erwin Schrödinger hace ocho décadas para definir los estados cuánticos. Es a partir de las funciones de onda donde los físicos deducen la posibilidad (es más, la necesidad) del entrelazamiento de partículas que tienen posiciones indefinidas, y sucesivamente. Y es la función de onda la que yace en el corazón de todos los misterios sobre los efectos no locales de la Mecánica Cuántica.

Pero, ¿qué es exactamente? Los investigadores de los pilares de la física están debatiendo de nuevo esta cuestión. ¿Es la función de onda un objeto físico concreto, o es algo como una ley del movimiento o una propiedad interna de las partículas o una relación entre puntos espaciales? ¿O es simplemente nuestra información actual sobre las partículas? ¿O qué?

Las funciones de onda mecánico cuánticas no pueden representarse matemáticamente en algo más pequeño que un alucinante espacio súper-dimensional llamado espacio de configuración. Si, como algunos defienden, las funciones de onda tienen que ser concebidas como objetos físicos concretos, entonces tenemos que tomar en serio la idea de que la historia del mundo desempeña un papel no sólo en nuestro espacio tridimensional de nuestra experiencia cotidiana, o en el espacio de cuatro dimensiones de la relatividad espacial, sino también en este gigantesco y poco familiar espacio de configuración, fuera del cual surge la ilusión dela tridimensionalidad. Nuestra idea tridimensional de localidad tendría también que comprenderse como emergente. La no localidad de la física cuántica podría ser nuestra ventana a este nivel más profundo de la realidad.

El estatus de la relatividad especial, más de un siglo después de ser presentada al mundo, está repentinamente una cuestión radicalmente abierta y en rápido desarrollo. Se ha llegado a esta situación debido a que los físicos y filósofos finalmente han seguido el camino a través de los cabos sueltos del argumento de Einstein rechazado durante mucho tiempo a la Mecánica Cuántica — una irónica prueba del genio de Einstein. El disminuido gurú puede perfectamente haber estado equivocado en lo que creemos que había acertado, y acertar en lo que creíamos que había errado. Puede que, de hecho, veamos el universo a través de un cristal no tan oscura como se ha insistido tanto tiempo.


Autor: David Z Albert y Rivka Galchen
Fecha Original: 18 de febrero de 2009
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Vía Ciencia Kanija

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05 marzo 2008

¿Teletransporte? Muy posible. Lo siguiente: El viaje en el tiempo

Parte de la ciencia-ficción más extrema es básicamente factible.

Cualquier aficionado a la ciencia-ficción ha visto todo esto antes: rayos que atraviesan muros, viajes en naves estelares que se mueven más rápido que la luz, o viajar instantáneamente a lugares lejanos en el espacio y el tiempo. Estas ideas no sólo son creativas fantasías, no obstante; surgen a partir de la física teórica, especialmente del trabajo de Albert Einstein, cuya visión incluyó un universo que se curva sobre sí mismo en un espacio de tres dimensiones y una cuarta dimensión invisible del tiempo. Si la versión de Einstein del universo es correcta — y los experimentos realizados en el último siglo sugieren que esencialmente lo es — entonces las proezas de ficción basadas en sus teorías podrían ser también posibles. El potencial se ha hecho tan tentador que los físicos serios ahora comentan con regularidad tecnologías basadas en Einstein en las más renombradas revistas de su campo.

Uno de los más agudos de tales especuladores es Michio Kaku, físico de la Universidad de Nueva York. El legado científico de Einstein, apunta Kaku, ya ha constituido la base de muchos inventos increíbles, incluyendo el láser y el sistema de posicionamiento global (GPS). Pero, ¿qué necesitaríamos para llegar al siguiente nivel, desarrollar tales extrapolaciones del genio de Einstein para viajar mediante agujeros de gusano y teletransportarnos a través del espacio o viajar adelante y atrás por el tiempo? Los científicos ya han comenzado el trabajo, y Kaku informa aquí de sus progresos.

Otro espejo

En películas de ciencia-ficción como Stargate y Contact, los agujeros de gusano conectan puntos distantes del universo, permitiendo a la gente viajar de un punto a otro en mucho menos tiempo que los cientos o millones de años requeridos para realizar el viaje a la velocidad de la luz, la mayor velocidad convencional. La Teoría de la Relatividad General de Einstein sugiere la posibilidad de agujeros de gusano — atajos literales a través del espacio-tiempo provocados por la curvatura del propio universo. Pero, ¿existen realmente los agujeros de gusano, o son quimeras matemáticas?

Existen varios problemas graves que afrontar. Muchas soluciones dan como resultados “agujeros de gusano no atravesable”. Al igual que con los agujeros negros, una vez sobrepasas el horizonte de eventos de tal agujero de gusano, nunca lo abandonaras. En 1988, Kip Thorne y sus colegas de Caltech encontraron una posible salida: un agujero de gusano atravesable, uno a través del cual podrías pasar libremente de un lado a otro. De hecho, para una solución, el viaje a través de un agujero de gusano no sería peor que un viaje en avión.

Hay un inconveniente, sin embargo, que hizo impracticables tales agujeros de gusano. La gravedad aplastaría la garganta del agujero de gusano, destruyendo a los viajeros que intentasen alcanzar el otro extremo. Para estabilizar la garganta del agujero de gusano, los científicos necesitarían la fuerza repulsiva, o tal vez, las entidades más exóticas y especulativas del universo: energía y masas negativas. Posiblemente, usarlos podría mantener abierta la garganta lo suficiente como para permitir a los astronautas tener un camino despejado.

Los científicos han buscado materia negativa en la naturaleza, hasta ahora sin éxito. Debería apuntarse que la antimateria y la materia negativa son dos cosas completamente distintas. La primera existe y tiene energía positiva pero carga contraria. La materia negativa no se ha demostrado que exista. La materia negativa es bastante peculiar debido a que es más ligera que nada. De hecho, flota. Al contrario que los meteoros que impactan con los planetas, arrastrados por su gravedad, la materia negativa repelería grandes cuerpos como estrellas y planetas. Sería repelida, no atraída. Por tanto, aunque la materia negativa podría existir, esperamos encontrarla sólo en el espacio profundo, ciertamente no en la Tierra.

Incluso si pudiésemos situar o crear energía o materia negativa, aún sigue existiendo un gran problema: obtener y manipular lo suficiente de tal materia. Matthew Visser de la Universidad Victoria en Wellington, Nueva Zelanda, estima que la cantidad de materia negativa necesaria para abrir un agujero de gusano de un metro de ancho sería comparable a la masa de Júpiter, excepto que sería negativa. Dice, “Se necesita aproximadamente la masa de Júpiter menos uno para realizar el trabajo. Sólo manipular la energía de la masa positiva de Júpiter ya es bastante peculiar, bastante más allá de nuestras capacidades en el futuro previsible”. Podrían pasar milenios antes de que podamos siquiera pensar en controlar energía a tal escala.

Aún así, si los creásemos, los agujeros de gusano podrían abrir puertas no sólo al espacio, sino también al tiempo.

Construir una máquina del tiempo

Desde la perspectiva de la ciencia, el viaje en el tiempo era imposible en el universo de Newton, donde se veía como una flecha. Una vez lanzada, no podía nunca desviarse hacia el pasado. Un segundo en la Tierra era un segundo en todo el universo. Este concepto fue desbancado por Einstein, quien demostró que el tiempo es más como un río que fluye a lo largo del universo, acelerando y frenando conforme serpentea a través de estrellas y galaxias. Por lo que un segundo no es absoluto, varía conforme nos movemos a lo largo del universo.

En un tiempo considerado en los límites de la ciencia, el viaje en el tiempo de pronto se ha convertido en la zona de juegos de los físicos teóricos. Como Thorne ha escrito: “El viaje en el tiempo era terreno exclusivo para los escritores de ciencia-ficción. ¡Cómo han cambiado los tiempos! Ahora nos encontramos eruditos análisis sobre el viaje en el tiempo en revistas científicas serias, escritas por eminentes físicos teóricos …. ¿Por qué este cambio? Debido a que los físicos se han dado cuenta de que la naturaleza del tiempo es un tema demasiado importante para dejarlo únicamente en manos de los escritores de ciencia-ficción”.

La razón de todo este entusiasmo es que las ecuaciones de Einstein permiten muchos tipos de máquinas del tiempo. El diseño más prometedor está basado en un agujero de gusano atravesable. Este agujero de gusano se construye con ambos extremos situados inicialmente cerca. Dos relojes, uno en cada extremo, marcan sincronizados. Ahora toma un extremo del agujero de gusano y su reloj y envíalo al espacio a casi la velocidad de la luz. El tiempo decelera en ese extremo debido a un efecto de la Teoría de la Relatividad Espacial de Einstein conocido como dilatación temporal: Relativo a un observador estacionado en el suelo, el tiempo a bordo de la nave parece frenarse; relativo a la nave, el tiempo para el observador en el suelo parece acelerarse.

Dado que los dos relojes de los extremos del agujero de gusano no permanecen sincronizados, un viajero que atraviese el agujero de gusano de un extremo al otro puede moverse adelante y atrás en el tiempo. Existe un límite en cuánto puede viajar en el tiempo — es capaz de viajar hacia atrás sólo hasta el punto en que se construyó la máquina.

Cuando se habla sobre el potencial del viaje en el tiempo, aún hay un feroz debate. En 1997 Bernard Kay y Marek Radzikowski de la Universidad de York en Inglaterra y Robert Wald de la Universidad de Chicago demostraron que el viaje en el tiempo era consistente con todas las leyes conocidas de la física, excepto en un lugar — cerca de la entrada a un agujero de gusano. Aquí es justo dónde se esperaría que la Teoría de Einstein colapsara y los efectos cuánticos, que trabajan a nivel subatómico, tomasen el relevo. El problema es que cuando intentamos calcular los efectos de la radiación conforme entramos en una máquina del tiempo, tenemos que usar una teoría que combine la Relatividad General de Einstein con la Teoría Cuántica de la Radiación. Aún cuando ingenuamente hemos tratado de hacer esto, la teoría resultante no tiene sentido. Arroja una serie de respuestas infinitas que no tienen significado.

Aquí es donde entra en juego una Teoría del Todo. Todos los problemas del viaje en el tiempo a través de un agujero de gusano que han aquejado a los físicos (la estabilidad de un agujero de gusano, la radiación que podría matarte, el cierre del agujero de gusano cuando entras en él) se concentran en el horizonte, precisamente donde no tiene sentido la Teoría de Einstein.

Por tanto la clave de la comprensión del viaje en el tiempo es comprender la física del horizonte, y sólo una Teoría del Todo que unifique la relatividad de Einstein y el dominio cuántico puede explicar esto. Por tanto la resolución final a si todos estos dispositivos de ciencia-ficción son posibles tendrá que esperar hasta que los científicos puedan desarrollar finalmente una teoría del universo que trascienda incluso a la de Einstein.

Teletranspórtame

Tal vez la más tangible de las tecnologías punta sugeridas por las Teorías de Einstein es el teletransporte. La clave está en un famoso artículo de 1935 de Einstein y sus colegas Boris Podolsky y Nathan Rosen. Irónicamente, en su artículo proponen un experimento – el conocido como experimento EPR, por las iniciales de los tres autores — para acabar, de una vez por todas, con la introducción de la probabilidad de la Teoría Cuántica en la física. La Teoría Cuántica requiere de la probabilidad debido a que sus fórmulas no describen directamente cosas como la posición precisa de la partículas. En lugar de esto, las fórmulas describen ondas, conocidas como funciones de onda de Schrödinger. La amplitud de las ondas en una posición concreta se traduce como la probabilidad de que una partícula pueda encontrarse en ese punto.

Como apuntó el experimento EPR, de acuerdo con la Teoría Cuántica, si dos partículas – electrones, por ejemplo – inicialmente vibran al unísono (un estado llamado coherencia), pueden permanecer en sincronización ondulatoria incluso si se separan una gran distancia. Dos electrones pueden estar separados billones de kilómetros, pero aún así tienen una función de onda invisible de Schrödinger que los conecta, como un cordón umbilical. Si algo le sucede a uno de los electrones, parte de su información es transmitida inmediatamente al otro, más rápido que la velocidad de la luz. Este concepto — que las partículas que vibran en coherencia tienen algún tipo de conexión interna — es conocido como entrelazamiento cuántico. Einstein llamó irónicamente a esto “acción fantasmal a distancia”, y lo usó para “demostrar” que la Teoría Cuántica estaba equivocada, dado que nada puede viajar más rápido que la luz.

Pero en los años 80, Alain Aspect y sus colegas de Francia realizaron el experimento EPR usando fotones entrelazados emitidos a partir de átomos de calcio y dos detectores situados a 13 metros de distancia. Los resultados concuerdan exactamente con la Teoría Cuántica. ¿Estaba entonces Einstein equivocado respecto a la velocidad de la luz como un límite de velocidad universal? En realidad no. En el experimento de Aspect, la información viajó más rápido que la velocidad de la luz, pero la información era aleatoria, por tanto inútil.

Aún así el entrelazamiento abre la puerta al teletransporte. En 1993 científicos de IBM, liderados por Charles Bennett, demostraron que era físicamente posible teletransportar objetos, al menos a nivel atómico, usando el experimento EPR. Hablando con propiedad, demostraron que se podría teletransportar toda la información contenida dentro de una partícula. Dos partículas con la misma información son idénticas, por lo que transportar la información es esencialmente lo mismo que teletransportar la propia partícula. Desde entonces, los físicos han sido capaces de teletransportar fotones y átomos de cesio completos. Dentro de unas pocas décadas, los científicos pueden ser capaces de teletransportar moléculas de ADN o incluso virus.

En estos experimentos de teletransporte, los físicos comienzan con, digamos, dos átomos A y C. Supongamos que deseamos teletransportar información del átomo A al C. Empezamos por tener un tercer átomo, B, que comienza entrelazado con C. Ahora el átomo A entra en contacto con B, de tal forma que la información contenida en A se transfiere a B. Dado que B y C estaban originalmente entrelazados, la información de A ahora se ha transferido al átomo C; alguien que examine el átomo C sería incapaz de decir la diferencia entre éste y el átomo original A.

En entrelazamiento destruye la información dentro del átomo A (por lo que no tenemos dos copias tras el teletransporte). Esto significa que cualquiera que sea teletransportado de esta forma moriría en el proceso. Pero el contenido de información de su cuerpo aparecería instantáneamente en algún otro lugar. En otras palabras, moriría en un lugar para renacer en otro.

En 2007 Ashton Bradley del Centro de Excelencia para Óptica Atómica Cuántica del Consejo de Investigación Australiano en Brisbane propuso otro método de teletransporte, explotando otra visión de Einstein, un estado de la materia conocido como condensado Bose-Einstein, o BEC, que es una de las sustancias más frías del universo. Un BEC está a una millonésima de mil millonésima de grado por encima del cero absoluto, una temperatura que sólo se encuentra en laboratorio. Cuando ciertas formas de materia se enfrían cerca del cero absoluto, sus átomos se desploman al menor estado de energía, por lo que todos vibran al unísono. Las ondas cuánticas de todos los átomos se solapan de tal forma que, en cierto sentido, un BEC es como un superátomo gigantesco. Einstein y Satyendra Nath Bose predijeron este extravagante estado de la materia en 1925, pero no fue hasta 1995 cuando finalmente se creó en el laboratorio.

Así es como funciona el dispositivo de teletransporte australiano. Empieza con un conjunto de átomos de rubidio superfríos en un estado de BEC. Se aplica un rayo de materia, también hecho de átomos de rubidio, al BEC. Estos átomos también se desploman al menor estado de energía, arrojando el exceso de energía en forma de pulso de luz. Este rayo de luz se envía entonces a través de un cable de fibra óptica. Es notable apuntar que contiene toda la información cuántica necesaria para describir el rayo de materia original (por ejemplo, la posición y velocidad de todos los átomos). El rayo de luz impacta en otro BEC, el cual se convierte en el rayo de materia original.

Dado este progreso, ¿cuándo podríamos ser capaces de teletransportarnos a nosotros mismos? Los físicos esperan teletransportar moléculas complejas en los próximos años. Tras eso, tal vez moléculas de ADN o incluso virus podrían transportarse en las siguiente décadas. En principio, no hay nada que evite el que podamos teletransportar a una persona real (suponiendo que aceptemos el riesgo), pero los problemas técnicos son asombrosos. Se necesita de algunos de los laboratorios físicos más precisos del mundo para crear coherencia entre dos diminutos fotones de luz y átomos individuales. De hecho, podríamos necesitar siglos o más para que podamos teletrasnportar los objetos cotidianos, si es que es finalmente posible.


Autor: Michio Kaku
Fecha Original: 28 de febrero de 2008
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Fuente: Ciencia Kanija

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10 febrero 2008

¿Qué es la Relatividad?

Albert Einstein fue famoso por muchas cosas, pero su mayor creación es la Teoría de la Relatividad.

Albert Einstein fue famoso por muchas cosas, pero su mayor creación es la Teoría de la Relatividad. Cambió para siempre nuestra comprensión del espacio y del tiempo.

¿Qué es la relatividad? De forma sucinta, es la noción de que las leyes de la física son las mismas en todos sitios. Aquí en la Tierra obedecemos las mismas leyes de la luz y la gravedad que alguien en el extremo opuesto del universo.



La universalidad de la física significa que la historia es local. Distintos observadores verán el tiempo y el espacio de eventos de forma distinta. Lo que para nosotros es un millón de años puede ser sólo un parpadeo para alguien que vuele en un cohete de alta velocidad cayendo en un agujero negro.

Todo es relativo.

Relatividad especial

La Teoría de Einstein se divide en relatividad especial y general.

La relatividad especial llegó primero y está basada en que la velocidad de la luz es constante para todo el mundo. Esto puede ser muy simple, pero tiene consecuencias de largo alcance.

Einstein llegó a esta conclusión en 1905 después de que pruebas experimentales demostrasen que la velocidad de la luz no cambiaba conforme la Tierra orbitaba al Sol.

Este resultado resultó sorprendente para los físicos dado que la velocidad de la mayoría de otras cosas depende de en qué dirección de esté moviendo el observador. Si conduces tu coche en paralelo a una vía del tren, un tren que llegue parecerá moverse mucho más rápido que si te das la vuelta y conduces en la misma dirección.

Einstein dijo que todos los observadores medirán la velocidad de la luz en 300 000 kilómetros por segundo, no importa cómo de rápido o en qué dirección te muevas.

Esta máxima provocó que el humorista Stephen Wright preguntase: “Si estás en una nave espacial que viaja a la velocidad de la luz, y enciendes los faros, ¿sucede algo?”

La respuesta es que los faros se encenderán con normalidad, pero sólo desde la perspectiva de alguien en el interior de la nave. Para alguien que esté fuera observando el vuelo de la nave, los faros parecerán que no se encienden: la luz sale, pero necesita una eternidad que los rayos vayan por delante de la nave.

Estas versiones contradictorias surgen debido a que las reglas y relojes — las cosas que marcan el espacio y el tiempo — no son las mismas para distintos observadores. Si la velocidad de la luz tiene que mantenerse constante como dijo Einstein, entonces el tiempo y el espacio no pueden ser absolutos; deben ser subjetivos.

Por ejemplo, una nave que viaje a 100 metros de largo que viaje al 99,99 por ciento de la velocidad de la luz parecerá un metro más largas para un observador estacionario, pero permanecerá con su longitud normal para los que estén a bordo.

Tal vez incluso más extraño, el tiempo pasa más lento cuanto más rápido se va. Si un gemelo viaja en una nave a toda velocidad a una estrella distante y vuelve, será más joven que su hermano que permaneció en la Tierra.

La masa, también depende de la velocidad. Cuando más rápido se mueve un objeto, más masivo se hace. De hecho, ninguna nave puede jamás alcanzar el 100 por ciento de la velocidad de la luz debido a que su masa crecería de forma infinita.

Esta relación entre la masa y la velocidad a menudo se expresa como relación entre la masa y la energía: E=mc2, donde E es energía, m es masa y c es la velocidad de la luz.

Relatividad general

Einstein no había terminado de desbaratar nuestra comprensión del espacio y el tiempo. Pasó a generalizar su teoría incluyendo la aceleración y encontró que esta distorsionaba la forma del tiempo y el espacio.

Para seguir con el ejemplo de arriba: imagina la que la nave acelera encendiendo sus impulsores. Los que están a bordo quedarán pegados al suelo como si estuviesen en la Tierra. Einstein afirmó que la fuerza que llamamos gravedad es indistinguible de estar en una nave que acelera.

Esto por sí mismo no era tan revolucionario, pero incluso cuando Einstein desarrolló la compleja matemática (necesitó 10 años), descubrió que el espacio y el tiempo se curvaban en torno a un objeto masivo, y esta curvatura es lo que experimentamos como fuerza de la gravedad.

Es difícil dibujar la geometría curvada de la relatividad general, pero si uno piensa en el espacio-tiempo como en un tipo de tejido, entonces un objeto masivo estira el tejido de alrededor de forma que ningún objeto que pase cerca seguirá una línea recta.

Las ecuaciones de la relatividad general predicen un número de fenómenos, muchos de los cuales han sido confirmados:

  • La curvatura de la luz alrededor de un objeto masivo (lente gravitatoria)
  • Lenta evolución en la órbita del planeta Mercurio (precesión del perihelio)
  • Arrastre de marcos del espacio-tiempo alrededor de los cuerpos en rotación
  • Debilitamiento de la luz escapando del tirón gravitatorio (desplazamiento al rojo gravitatorio)
  • Aceleración de los periodos rotacionales de las estrellas binarias y púlsares
  • Las ondas gravitatorias (ondulaciones en el tejido del espacio-tiempo) causadas por colisiones cósmicas
  • La existencia de agujeros negros que atrapan todo incluyendo la luz

La curvatura del espacio-tiempo alrededor de un agujero negro es más intensa que en ningún otro sitio. Si el gemelo que viaja por el espacio cayera en un agujero negro, se vería estirado como un espagueti.

Afortunadamente sería sólo por unos pocos segundos. Pero su hermano en la Tierra nunca vería el final — observando a su hermano estirarse centímetro a centímetro incrementalmente hacia el agujero negro a lo largo de la edad del universo.



Autor: Michael Schirber
Fecha Original: 8 de febrero de 2008
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Fuente:
Ciencia Kanija

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18 noviembre 2007

Nueva confirmación de la dilatación del tiempo

 

Su precisión supera la del sistema GPS, lo que mejorará el seguimiento por satélite 

Creatividad sobre la dilatación del tiempo. Silly pictures.Un nuevo experimento desarrollado en el Instituto Max Planck de Alemania ha confirmado con una precisión sin precedentes el fenómeno de la dilatación del tiempo. Usando una tecnología procedente de la óptica cuántica, por la que uno de los artífices del experimento obtuvo el Nobel de Física en 2005, obtuvieron una comprobación de las predicciones de la relatividad especial, en lo que concierne al factor de la dilatación relativista del tiempo, con una precisión 10 veces superior que las obtenidas con el sistema de satélites GPS, lo que puede mejorar las aplicaciones de seguimiento por satélite, entre otras posibilidades. Por Vanessa Marsh.

En 1905 Albert Einstein dio a conocer su Teoría de la Relatividad Especial, que solucionaba algunas paradojas de la mecánica clásica, relacionadas con las medidas de la velocidad de la luz.

Esta teoría introdujo además por vez primera el concepto de espacio-tiempo como entidad geométrica en la que se desarrollan todos los eventos físicos del universo.

El espacio-tiempo hace referencia a la necesidad de considerar de manera unificada la localización geométrica tanto en el tiempo como en el espacio, dado que la diferencia entre componentes espaciales y temporales es relativa, y depende del estado de movimiento del observador.

Uno de los fenómenos predichos posteriormente por la Teoría de la Relatividad Especial fue el de la dilatación del tiempo, descrito con la imagen de dos relojes que, moviéndose respecto a un sistema de referencia inercial (un hipotético observador inmóvil), debían funcionar más despacio (este efecto fue explicado con las llamadas transformaciones de Lorentz).

Por otro lado, en la Teoría de la Relatividad General se señala que los relojes sometidos a potenciales gravitatorios mayores, como aquellos que se encuentren cerca de un planeta, marcan el tiempo más lentamente.

Constatación precisa de la dilatación

Para los científicos, la dilatación del tiempo resulta uno de los aspectos más fascinantes de la relatividad especial, dado que acaba con la noción del tiempo absoluto. Esta dilatación fue observada por vez primera de manera experimental en 1938 por Ives y Stilwell, y también, más adelante, por otros físicos, como Pound y Rebka (en 1959).

Ahora, una nueva investigación realizada en el Instituto Max Planck de Física Nuclear, y cuyos resultados aparecen publicados en la revista Nature, ha conseguido constatar con una precisión sin precedentes el fenómeno de la dilatación del tiempo.

En los últimos años, ha ido creciendo el interés por la posibilidad de experimentar y probar con mayor certeza, gracias a la tecnología moderna, algunas teorías científicas porque nada indica que la teoría de Einstein sea una descripción exacta de la realidad en todas las situaciones y fenómenos.

Espectroscopia de absorción saturada

La técnica utilizada por los científicos del Instituto Max Planck procede de la óptica cuántica, un campo de investigación que se ocupa de la aplicación de la mecánica cuántica a fenómenos que implican la luz y sus interacciones con la materia.

La técnica empleada se conoce como espectroscopia de absorción saturada, siendo la espectroscopia el estudio del espectro luminoso de los cuerpos. El desarrollo de la espectroscopia basada en el láser es la obra de uno de los artífices del experimento del Instituto Max Planck, el alemán Theodor Wolfgang Hänsch, Premio Nobel de Física en 2005 por esta contribución.

Siguiendo esta técnica, los investigadores utilizaron dos láseres, uno con una frecuencia, o número de oscilaciones por segundo, estable; y otro láser de frecuencia modulable. Asimismo, fabricaron unos paquetes de átomos de litio-7 (Li7) ionizados y con dos niveles energéticos parecidos, lo que dio lugar a una frecuencia de transición electrónica de alrededor de 546 terahercios (THz).

Relojes atómicos ópticos

Tal y como explican los científicos en Nature, el método seguido está basado en relojes ópticos atómicos, es decir, en un tipo de relojes muy exactos que se regulan por la vibración de las frecuencias de determinados átomos o moléculas.

Los iones de litio fueron lanzados a una velocidad del 6,4% y del 3%, respectivamente, de la velocidad de la luz, sobre un anillo de almacenamiento magnético. Posteriormente fueron iluminados en dos direcciones opuestas con los láseres antes mencionados, de frecuencias distintas, cuyos fotones provocaron en los iones una re-emisión por fluorescencia. De esta forma, se produjo una resonancia en la intensidad de la luz absorbida por los iones, que no era la misma con ambos láser.

Según la teoría de la relatividad especial y las fórmulas del llamado efecto Doppler (que consiste en la variación de la longitud de onda de cualquier tipo de onda emitida o recibida por un objeto en movimiento), el producto de las dos frecuencias es igual a la frecuencia de transición entre los niveles de energía atómica precedentes, cuando los iones se encuentran en reposo en el referencial del laboratorio.

Precisión inédita

El acuerdo de las predicciones de la relatividad especial, en lo que concierne al factor de la dilatación relativista el tiempo en el efecto Doppler, arroja una precisión de esta dilatación del tiempo 10 veces mayor que las obtenidas con el sistema de satélites GPS.

Aunque los satélites GPS han sido utilizados hasta ahora para medir la dilatación del tiempo predicha por Einstein, el estudio alemán señala que su experimento supera la sensibilidad obtenida por los GPS.

El experimento alemán no sólo confirma por tanto la validez de la dilatación del tiempo predicha por Einstein con una precisión inédita, sino que además aporta un importante punto de referencia para futuras aplicaciones prácticas, como la mejora del Sistema de Posicionamiento Global (GPS en inglés).

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Fuente: tendencias21

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14 noviembre 2007

Un siglo más tarde, Einstein sigue teniendo razón sobre el tiempo

 

El tiempo, tal y como todos sabemos, es relativo: las buenas experiencias parecen pasar volando, mientras que las malas parecen no acabar nunca.

“Tras dos horas, miré mi reloj”, se dice que escribió un crítico de una ópera de Wagner. “Encontré que sólo habían pasado 17 minutos”.

En 1905, Albert Einstein escribió su propio tratado sobre la relatividad del tiempo, teorizando maravillosamente que el tiempo acelera o decelera de acuerdo a lo rápido que se mueve un objeto en relación con otro.

Así pues, de acuerdo con su hipótesis, un reloj que está en movimiento avanza más lentamente que un reloj idéntico que está en reposo – un fenómeno que Einstein llamó dilación.

 

 

En un estudio publicado el domingo, el experimento más preciso llevado a cabo sobre la dilación del tiempo ha demostrado que el gran físico alemán dio de lleno en la diana.

Un grupo internacional de investigadores usó un acelerador de partículas para acelerar dos chorros de átomos alrededor de un curso en forma de rosquilla para representar los relojes de movimiento rápido de Einstein.

Entonces sincronizaron los chorros con un espectroscopio láser de gran precisión y hallaron que, comparado con el mundo exterior, el tiempo para estos viajeros atómicos efectivamente se ralentiza.

“Fuimos capaces de determinar el efecto de forma más precisa que nunca antes”, dijo el investigador principal Gerald Gwinner de la Universidad de Manitoba en Winnipeg, Canadá.

“Encontramos que el efecto observado concordaba completamente”.

Los experimentos, dijo Gwinner, confirman la tecnología a bordo de los satélites militares de los Estados Unidos que proporcionan señal para el Sistema de Posicionamiento Global (GPS) – la red “satnav” que se usa como ayuda de navegación en todo el mundo.

Los satélites GPS tienen precisos relojes atómicos a bordo para enviar señales sincronizadas que se transcriben trigonométricamente para dar la posición.

“El GPS usa satélites para medir la posición de los objetos en tierra, pero necesita tener en cuenta el hecho de que los mismos satélites están en movimiento a altas velocidades alrededor de la órbita de la Tierra”, dijo Gwinner.

“Nuestras pruebas validan la teoría usada por los dispositivos para compensar el movimiento de los satélites”.

Los experimentos tuvieron lugar en el Instituto Max Planck para Física Nuclear en Heidelberg, Alemania, e incluye a investigadores de tal organización, del Instituto Max Planck para Óptica Cuántica en Garching, y la Universidad de Mainz.

Los hallazgos fueron publicados en la red el domingo por la revista Nature Physics.

La primera medida de la dilación temporal de Einstein tuvo lugar en 1938, cuando científicos de los Estados Unidos usaron el efecto Doppler – el cambio del tono en el sonido cuando la fuente se acerca o aleja de la persona que lo escucha – como herramienta de medida.

La Teoría de la Relatividad de Einstein se ha convertido en la base de innumerables historias de ciencia-ficción, dado que abre la posibilidad de doblar y distorsionar el tiempo.

Si uno de dos gemelos idénticos se lanzara al espacio a una velocidad muy alta, cuando volviese a la Tierra sería más joven que si hermano de la tierra.

 

 

Fuente: Ciencia Kanija

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