"El Cosmos está constituido por todo lo que es, lo que ha sido o lo que será" Carl Sagan

17 octubre 2009

Una nave espacial de la NASA descubrió una misteriosa “cinta” en el borde del Sistema Solar

Una cita de átomos neutros energéticos muestra variaciones de energía doscientos a trescientos por ciento mayores a todo lo que se había previsto en los modelos.

Desde que lanzó hace un año, el Explorador del Límite Interestelar (Interstellar Boundary Explorer, IBEX) ha estado monitoreando la heliosfera y cómo nuestro Sol interactúa con el medio interestelar local, el gas y polvo atrapado en el vacío del espacio. Los primeros resultados de la misión, combinados con datos de la misión Cassini, están mostrando una heliosfera diferente a lo que los investigadores pensaban previamente. Los datos muestran una inesperada banda —o cinta— brillante con emisiones de energía sorprendentemente altas.

“Sabíamos que existen átomos neutros energéticos que llegan desde el mismo borde de la heliosfera, y nuestras teorías decían que habría pequeñas variaciones en sus emisiones”, dijo David McComas, investigador principal de IBEX en una conferencia de prensa el jueves. “Pero en lugar de eso estamos viendo variaciones de doscientos a trescientos por ciento, y esto no lo entendemos del todo. Independientemente de lo que se pensara antes, definitivamente no es correcto”.

Las energías que ha observado IBEX van desde 0,2 hasta 6,0 kiloelectronvoltios, y los científicos dijeron que su flujo es de dos a tres veces mayor que la actividad de ENA (Energetic Neutral Atoms) en el resto de la heliosfera. McComas y sus colegas dijeron que ningún modelo de los existentes puede explicar todas las características dominantes de esta “cinta”. En cambio, sugieren que estos nuevos hallazgos obligarán a un cambio en nuestra comprensión de la heliosfera y los procesos que le dan forma.

McComas sugirió que los átomos neutros energéticos (ENA) en esta cinta podrían ser a causa de la interacción entre la heliosfera y el campo magnético interestelar local. “El campo magnético interestelar local está orientado de tal manera que se correlaciona con la cinta. Si uno ‘pinta’ la cinta en el límite de la heliosfera, el campo magnético se parece a los grandes cordones que empujan a los lados y la parte sur de la heliosfera. De alguna manera el campo magnético parece jugar un rol dominante en estas interacciones, pero no sabemos qué puede haber producido estos flujos mayores. Tenemos que averiguar qué nos estamos olvidando de la físca”.

Las “ráfagas” de viento solar salen del Sol en todas direcciones a más de un millón de kilometros por hora. Esto crea una burbuja en el espacio alrededor de nuestro Sistema Solar.

En los primeros diez mil millones kilometros de su radio, el viento solar viaja a más de un millón de kilómetros por hora. Éste se frena a medida que comienza a enfrentarse con el medio interestelar, y el punto donde el viento solar se ralentiza es el frente de choque de terminación. El punto en el que se logra un equilibrio entre el medio interestelar y la presión del viento solar se llama heliopausa, que es el lugar en el que el medio interestelar, que se mueve en el sentido contrario, disminuye al chocar con la heliosfera. Se le llama frente de choque.

Las naves espaciales Voyager han explorado esta región, pero no detectaron esta cinta. Eric Christian, miembro del equipo, dijo que la cinta tiene una ruptura en la localización de las Voyager 1 y 2, por lo que éstas pueden no haber detectado el fenómeno en sus áreas inmediatas. La nave espacial Voyager 1 encontró el frente de choque en 2004 cuando llegó a la región en la que las partículas cargadas que fluyen desde el Sol golpean contra el gas neutro del espacio interestelar. La Voyager 2 siguió a su compañera en su paso a través del borde del Sistema Solar en 2007. Si bien estas naves realizaron las primeras exploraciones de la región, IBEX revela ahora un cuadro más completo, llenando información en donde las Voyager no pudieron. Christian comparó las Voyager 1 y 2 con estaciones meteorológicas, mientras que el IBEX es el primer satélite meteorológico que nos aporta una cobertura más completa.

McComas dijo que su primera reacción cuando empezó a llegar la información fue de terror, porque pensó que algo debía andar mal en la nave espacial. Pero a medida que llegaban más datos cada semana, el equipo se dio cuenta de que estaban equivocados, y que los datos de la a nave eran correctos. “Nuestros próximos pasos serán recorrer todas las observaciones en detalle y enfrentarlas con los distintos modelos, para buscar qué es lo que nos falta, lo que hemos estado dejando de lado”, dijo.

Fuente: NASA.

Vía Axxón

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